Las 7 Cualidades de los grandes Lideres:


La presente reflexión es la presentación personal de lo que considero después de haber leído y practicado acciones sobre liderazgo y que considero que aquel que realice actividades de liderazgo deberá tomar en cuenta:.
¿Qué es un líder? se preguntaba Cicerón y se respon¬día él mismo “es un conductor de hombres”. Los líderes nacen o se hacen, pero sus habilidades de líder consisten en la conducción, en la dirección; quizás, es una rara habi¬lidad no común en todos los hombres, es una capacidad distinta que distingue a aquellos que la poseen.
¿Cuáles son las cualidades del líder? se pregunta¬ba Séneca: un poder extraordinario y una gran visión para conducir a otro; es necesario saber hacia donde ir y la principal habilidad del líder es el poder de una vi¬sión, la segunda habilidad diría Séneca es la capacidad de convencer acerca de que dicho camino es el correcto para alcanzar el éxito. El líder tiene que enamorar a la gente que le sigue para que comparta su visión, para que se entregue por completo y sin reservas a compartir una causa común y un destino, el líder marca la visión y esta¬blece el rumbo, pero también tiene la habilidad y los recursos, así como las herramientas necesarias para ena¬morar y encantar, para convencer y seducir a los que le siguen.
Cuando Atila cruzó los Alpes en pos de las llanuras del Lacio en donde se asentaba la antigua capital im¬perial romana, tuvo la habilidad de convencer a los hunos de que él, Atila, era invencible, y estaba guiado por un destino triunfal. El líder tiene la capacidad del conven¬cimiento, tiene el ardor en la actitud, pero también en el gesto, para llevar a todos sus seguidores hasta el nivel de creencia ciega. Todos los líderes en la historia de la humanidad han tenido esta habilidad de convencimiento, y a ambas habilidades, el poder de una visión y la capa¬cidad de enamorar, seducir y atraer a la gente en un acto carismático hay que agregar una tercera cualidad, a la que podríamos llamar el don irresistible del líder, que es la comunicación, el poder de la palabra.

La mayoría de los grandes líderes de todos los tiem¬pos han sido brillantes oradores, el líder va al frente de su grupo y habla al mismo, Napoleón decía: “Tal vez no pueda convencerles a todos con un salario, pero todos han de entregarme sus vidas por un ideal, por el ideal de una Francia poderosa y justa, una patria para todos los france¬ses en la que exista la igualdad, la fraternidad y la lega¬lidad”, a estas tres facultades del líder hay que agregarle una cuarta que es el poder o habilidad de interesarse, genuinamente, por la gente.

Cuando el joven Alejandro Magno tenía apenas 17 años, tuvo que afrontar el liderazgo con el más poderoso ejér¬cito de Grecia a la conquista del imperio persa. El empera¬dor Darío III salió al frente con sus inmensos ejércitos y en la batalla de Isso el ejército persa, muy superior en nú¬mero, fue derrotado por el, pequeño, bien adiestrado y muy bien organizado, ejército de Alejandro.

La cruel batalla produjo cientos de heridos, pero Alejan¬dro Magno gastó 39 días en visitar a los heridos, nunca jamás otro general en el mundo había hecho cosas semejan¬tes, Alejandro hizo sentir su presencia a cada uno de ellos, una presencia de líder. Les habló y preguntó, entusiasma¬do, cómo habían peleado en la batalla y cómo habían sido heridos, además permitió que con lujo de detalles y exage¬raciones le contaran acerca de sus hazañas y proezas per¬sonales; Alejandro escuchaba paciente y atento, celebraba con aplausos y risas las más extravagantes exageraciones de sus soldados interlocutores en ese diálogo. Después de haber visitado y escuchado a todos con atención, mandó grabar en un libro las historias que le habían contado, el cual distribuyó e hizo grabar en una gran pared de Ale¬jandría el nombre de todos los heridos.
Alejandro Magno tenía la cuarta cualidad de todo buen liderazgo, que es estar cerca de la gente y dar reco¬nocimiento.
La quinta cualidad de todo buen liderazgo consiste en repartir las recompensas a todos por igual y establecer indicadores que permitan medir las habilidades, cualida¬des y atributos de todos frente a un tabulador objetivo, eso también supo hacerlo Alejandro Magno, al igual que Julio Cesar.
Después de la batalla de Isso, Alejandro llegó a la tien¬da de Darío que estaba colmada de bronces, marfiles, oro y vestidos suntuosos; un General de Alejandro le dijo: “Ésta fue la tienda de Darío, ahora es tuya”, pues legíti¬mamente el vencedor se hace propietario de los bienes del vencido; Alejandro entró a la tienda y tomó posesión de ella, vio los suntuosos objetos y vestidos y ordenó que fue¬ran repartidos en su nombre a todos, como recompensa a sus fieles soldados. Cuando Julio César conquistó la Cirenaica reunió un inmenso botín de guerra en su nave principal y ordenó: “dad todo a mis hombres, para mi es suficiente con la gloria, mi trofeo es la victoria”.
La sexta cualidad del líder es la confianza, la confian¬za es una sensación irresistible que se le ha llamado tam¬bién el “carisma”.
Los líderes hacen sentir a sus seguidores un acto de fe, confían en ellos, les dan fortaleza, les infunden bríos, dan sentido a sus vidas; es como si una fuerza irresistible estuviera en ellos, como si se transformaran en un sím¬bolo, en el símbolo viviente de un ideal.
Cuando Mohandas Karmachand Gandhi emprendió la “Marcha de la sal”, por cientos de kilómetros, para dar la independencia a la India, simplemente se acercaba a la gente y ésta lo seguía. Algunos biógrafos de Gandhi aseguran que su sola presencia inspiraba o infundía áni¬mos, inspiraba fe, clamaba confianza, ese don irresisti¬ble del carisma.

La séptima cualidad del buen liderazgo se define entre la magnanimidad y la justicia.
El hombre magnánimo inspira seguridad, los actos atropellados e injustos contra cualquiera de los seguidores hacen pensar a todos los seguidores que ellos serán la próxima víctima, es por ello de gran importancia que el líder conozca a fondo y profundamente la importancia que tiene ser visto como un hombre magnánimo para ofre¬cer esa seguridad.

Se dice de Alejandro Magno que después de la batalla de Isso todas las mujeres del Harem de Darío incluyendo sus hermanas, hijas y su propia madre esperaban ser ul¬trajadas, asesinadas o tomadas como esclavas y vendi¬das, sin embargo Alejandro se acercó a ellas y les dijo: “sois libres de permanecer conmigo, sois libres y estáis en libertad de hacer vuestra nueva vida a lado de los griegos”, Alejandro instituyó una serie de nuevas leyes que proscribían la tortura y la matanza de los vencidos.
Los valores aplicados a la conducta del hombre le permiten la construcción de su futuro

Articulo enviado por: Dario Vazquez Ruiz

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