La Trampa

De: Juan de Mata Sanchez Aragon

Los recuerdos se agolpan en mi cerebro y se mezclan de manera desordenada. Tras un esfuerzo por concretar y establecer un orden lógico, se produce posteriormente un análisis y como consecuencia la toma de conciencia necesaria.

El transcurso de los años, las vivencias y experiencias han dado fruto y positivado valores de juicio, adaptación y comprensión de los diferentes parámetros en el proceso evolutivo, ello ha fraguado y cimentado la pluralidad en su mas amplia extensión, lo que me ha permitido una apreciación mas realista, basada en el yo-real y apartando el yo-idea, que llegó a estrechar y condicionar mi mente, vetando el aprendizaje e irrumpiendo la consciencia de la vida, mi vida real.

Todo desarrollo en el sentido evolutivo más amplio, concierta al mismo tiempo ciertos desajustes, que producen fases agudas o crónicas en el proceso, son las “trampas” que habíamos fijado o “roles” de comportamiento en las primeras fases de nuestra existencia.

El niño, ya desde el vientre materno recibe o percibe las diversas manifestaciones del entorno a través del sistema de su progenitora. La alimentación, el parto, condiciones biológicas, el medio externo y el cambio del estado, son los portadores de las posteriores manifestaciones que en la criatura se desarrollan. Si sumamos a ello el roce, la erosión que produce esta asimilación y al tiempo el enfoque de como va ser entendido por él, esto marcará unas formas de comportamiento posterior, que serán los pilares en todo este proceso.

La “cubierta”, que hemos dado en llamar personalidad, es una coraza con parte consciente e inconsciente para salvaguardar la integridad física, como soporte de un medio, que en principio es reconocido como hostil. El grado de retraimiento compulsivo, en su sentido mas amplio, fijará en nosotros en ese presente y posterior futuro “la trampa”. Ella es cierto nos atrapará en infinidad de circunstancias y tiempos, produciendo un desconcierto en el proceso de evolución integral. Solo seremos capaces de salir de ella cuando la reconozcamos y la tengamos localizada.

El mal que daña a nuestra alma y frena los sentidos racionales, produciendo desajustes físicos en nuestra salud, tan solo es una “cubierta temporal”, helada y sin vida, de la que nos valemos para proteger esquemas mentales adquiridos. Cuando seamos capaces de reconocer a nuestro yo interno, “la trampa”, solo será un viejo recuerdo, que podemos utilizar como catalizador en nuestra propia evolución.

Origen: Artículos gratuitos de ArticuloZ.com

Acerca del autor:

Juan de Mata Sánchez Aragón, nacido en Brazatortas Ciudad Real, el día 2 de Febrero de 1953. Resido en Puertollano y siento a esta ciudad como parte de mí.

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