Antes Los Caramelos Venían Más Grandes En Argentina
De: Paola Pecora
Luciano Alves plantó porotos, maíz y granos en unos 7.500 acres (3.030 ha) en su campo de Brasil el año pasado. Este año, plantó 8.600 acres (3.500 ha). Y le atribuye al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, las razones de ese incremento.
‘El gobierno nos está ayudando a financiar la compra de nueva maquinaria. Redujeron las tasas de interés que pagamos y nos han dado más tiempo para pagar los préstamos. Es vital,’” palabras de Alves al New York Times.
Hay distintas reacciones y acciones en los distintos países frente a los aumentos de precios de los alimentos a nivel mundial. Están los países como Brasil, que expanden su producción agropecuaria y trazan planes para incrementar sus exportaciones y también terminar con su dependencia internacional de determinados cultivos. Y países que han aplicado cierres o limitaciones a sus exportaciones de productos alimentarios, como China, Rusia, Ucrania o la Argentina, para evitar el desborde de los precios internos.
China, por ejemplo, “Un país, dos sistemas”, aplica lo mejor de los dos mundos: otorga subsidios a sus productores, desarrolla políticas para incrementar su producción agropecuaria, pero al mismo tiempo fija precios máximos a varios productos que han aumentado fuertemente sus precios a nivel internacional, además de limitar sus exportaciones.
Por otro lado, China y Brasil que no producen lo suficiente para el mercado interno, están en vías de hacerlo. El gobierno chino aprobó en julio un plan para asegurarle al país la autosuficiencia del 95% en granos en los próximos 12 años, y ayudar al sector agropecuario a desarrollar políticas acordes a aumentar su producción.
Brasil importa el 80% de trigo de mercados como la Argentina. Y va a dejar de hacerlo entre otras razones, porque Lula está harto de los incumplimientos en las exportaciones argentinas del cereal (debe suplantarlo con trigo de EEUU y Canadá), y si bien en otros términos y con modales de estadista que es y tiene, se lo hizo saber a la presidenta argentina Cristina Fernández en el último encuentro en Buenos Aires. Encuentro al que los argentinos invitaron también al teniente coronel Chávez, de paso por Buenos Aires, lo que provocó un fuerte malestar en el Planalto y el atragantamiento en vivo del colega brasilero, que prefiere otra gama de rojo, tanto para alinearse comercialmente como para diseñar sus camisetas. La “verde amarela” le calza mejor.
“El aumento en los precios de los alimentos significa que los agricultores a nivel mundial están cosechando ganancias récord. Y las potencias sudamericanas, como Brasil y Argentina, están respondiendo a esas ganancias agrícolas inesperadas en modos opuestos”, continúa el NYT.
La Argentina (según los productores agropecuarios) tiene capacidad como para duplicar su producción. O lo que es lo mismo, mayor caudal alimentario hacia el mundo. Las expectativas de que los alimentos no serán suficientes a nivel mundial y los aumentos de precios que lo reflejan directamente, bajarían frente a semejante volumen productivo. Una disminución de la oferta global de alimentos convalida los aumentos de precios de los commodities. Esto pasa cada vez que a la Argentina se le da por cerrar las exportaciones de algún producto agropecuario, como ha pasado con el trigo. El mito de Sísifo: lleva la piedra hasta la cima, pero luego cae nuevamente.
Para estimular la producción, el estado le otorga a los agropecuarios brasileros créditos para que puedan comprar maquinaria agrícola e insumos, que han en algunos casos hasta duplicado sus valores. En la Argentina, es al revés: a los agropecuarios no se les da créditos, y aún peor: les aumentan los impuestos. “To add insult to injury” es una expresión de agrado de los anglosajones, cuando pretenden ser sarcásticos. El perverso mecanismo funciona así: se le quita a un sector (agropecuario) para darle a otro (transportes y tarifas públicas atrasados en precios). “En nuestro país el gobierno está tratando de obtener dinero para subsidiar otros sectores de la economía. Creo que Brasil está haciendo lo opuesto, adaptándose a lo que el mundo está hoy ofreciendo. Están haciendo lo correcto”, señaló Eduardo Cucagna, presidente de FN Semillas, una compañía de semillas argentina.
Por supuesto que el territorio brasilero es tres veces más extenso que el argentino, y que Brasil tiene mercados de exportación más diversificados, pero en algún punto empezaron. Y en algún otro siguieron.
“Necesitamos darle incentivos a los productores porque la gente está comprando y comiendo más. Esta es nuestra oportunidad de producir y exportar más y ayudar a reducir el hambre en el mundo” dijo el ministro de Agricultura brasilero, Reinhold Stephanes.
La señora presidenta argentina dijo en la reunión de la FAO en junio en Roma que la Argentina produce 100 millones de toneladas de granos por año y que “es una muestra evidente de nuestro compromiso con la seguridad alimentaria global y nuestra solidaridad con la situación de vulnerabilidad de los casi 900 millones de personas que padecen hambre en este mundo” ¿Pero le cierra las exportaciones a ese mundo?
A las restricciones en la exportación de trigo, carne, se agregó una nueva. En agosto se frenó la exportación de quesos. “Moreno [el polémico secretario de Comercio] ha tomado la decisión política de no permitir embarques durante agosto” dijo a La Nación un industrial quesero. Luego de muchas protestas, se levantó la restricción.
El sector agropecuario en Argentina se ha sublevado como nunca en la historia, y luego de 4 meses de paros, cortes de ruta, no comercialización de granos, ha logrado que el gobierno enviase al Congreso Nacional el mes pasado la Resolución 125 (que aumentaba los impuestos a determinados productos agropecuarios exportables) para su aprobación. No sólo el Congreso no lo aprobó, sino que también se abrió, trató y modificó el proyecto, algo que no estaba en los planes del gobierno inicialmente. Las alícuotas a la exportación de productos agropecuarios volvieron a los niveles pre-conflicto, pero el resto de los reclamos siguen sin solución.
El campo reclama medidas urgentes para la lechería, la ganadería y las economías regionales, de lo contrario la Argentina, país de fuerte historia y presencia mundial en el sector agrícola ganadero, comenzará a importar leche y carne en un plazo de dos años. Se están liquidando vientres en el país, una aberración desde todo punto de vista. A menos que se llegue a alguna trampa genética vanguardista que permita a los toros parir y también producir leche, va a haber que importarla de Australia o EEUU. No pierdo la esperanza, en Argentina hasta los muertos votan.
El sector lechero padece fuertemente los costos de la intermediación parasitaria en el país, el litro de leche el consumidor lo paga el doble de lo que se le paga al tambero. El consultor José Quintana, de La Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea) refiriéndose específicamente a la leche en polvo, dijo a La Nación: “En 2006 la Argentina era el segundo exportador mundial de leche en polvo entera, pero perdió ese lugar luego de las restricciones. Cuando uno ve los fundamentals de los valores internacionales de los lácteos, la salida de la Argentina como proveedor importante de leche en polvo es uno de los factores alcistas”. Hoy la Argentina está sexta en exportaciones de leche en polvo. Y los tambos siguen cerrando.
La figura gráfica sería algo así: Brasil explota y busca proveer de alimentos al mundo lo más que pueda, y la Argentina implosiona, busca que la inflación internacional no se sume a la ya de por sí elevada inflación interna, algo que por supuesto no se logró. ¿Cuál cree usted que es la salida válida a largo plazo? Inundar los mercados propios y ajenos con una mayor oferta, ¿o cerrarla? ¿No es de manual económico esto? Los controles de precios funcionan en emergencia económica y en el corto plazo, pero terminan estimulando el alza de precios en el mediano, así como la escasez. No puedo decir que hay escasez en Argentina, pero hay productos que ya no se fabrican y días en que determinadas líneas de productos faltan de los comercios. Además, los crecientes costos de producción deben ajustan por algún lado: por precio, por cantidad o por calidad.
En Argentina estamos en el peor de los mundos: se ajusta el precio por un lado, y el tamaño, la cantidad y hasta en muchos casos la calidad, pero en sentido inverso. Los tamaños se encogen, los grosores se afinan, los recipientes se agrandan, y a nadie que haya vivido en el país en los últimos 6 años se le escapa que los caramelos eran más grandes en la Argentina.
Hasta el próximo viernes,
Paola Pecora
www.latinforme.com
Origen: Artículos gratuitos de ArticuloZ.com
Acerca del autor:
Paola Pecora es la Editora en Jefe de Latinforme.com. Ha trabajado en el sector financiero durante 17 años, como asesora, trader y analista técnica y fundamental de mercados financieros internacionales. Trilingüe, de visión contrarian e independiente (demasiado a veces) la convierten en referente indispensable a la hora de evaluar y escoger oportunidades de negocios internacionalmente. Es actualmente asesora en mercados financieros de la consultora internacional Gerson Lehrman Group y ha sido editora de MoneyWeek Edición Sudamericana. Su columna sale los viernes en Latinforme Diario.
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