Cafeína: cuando la tradición, lo legal y lo perjudicial van de la mano

Escrito por: César Jiménez Clemente
En este artículo voy a hablar de mi experiencia personal y de investigaciones científicas acerca de una de las sustancias más comunes y más consumidas en todo el mundo: la cafeína. Espero que mi experiencia y los datos científicos que voy a exponer puedan ayudar a muchas personas que pueden tener problemas, de causa desconocida, y que podrían ser fácilmente mitigados o eliminados cesando el consumo de cafeína. No pretendo convencer a nadie de nada, no tengo nada en contra de las plantaciones de café, ni de las empresas productoras de este producto, ni mucho menos en contra de los consumidores o de la propia cafeína. En mi caso, la cafeína me hizo mucho daño, y me llevó años relacionar su consumo con los problemas que sufría…
Me despierto; abro los ojos. Casi instantáneamente, como si de un acto reflejo de supervivencia se tratara, me dirijo hacia la cocina, arrastrando los pies y en un estado de semionírico, agarro firmemente la cafetera, y me sirvo un cafecito caliente. Sabe bien. Está bueno. En cuestión de pocos minutos me siento perfecto, listo para dar comienzo a un nuevo día de trabajo.
En el trabajo, a media mañana, noto que las fuerzas recaen; una sensación de pereza me invade. La solución llega otra vez de mano de un cafelito.
Queda invitado a mi casa para tomar el café de media tarde, ¿le apetece? Por supuesto.
El café se ha convertido en algo tan habitual en nuestra sociedad (así como en otras sociedades hace siglos) que estar leyendo (¡y no digamos escribiendo!) este artículo es casi una herejía. El café es una bebida social, más que el alcohol. ¿Y qué me dice de la Coca-Cola? Mejor ni hablamos. ¿Y del RedBull? ¿Y del té? Todos ellos tienen cafeína.
Vale, el café puede tener algunas cosas malas, pero… hay tantas cosas malas en nuestra época… y además, sienta tan bien… Bien, les comentaré mi caso personal.
Estuve consumiendo café durante varios años. Me sentaba bien; me despejaba; ¡me alegraba! Sin embargo, a las horas de consumirlo… me llegaba el “bajón”. Así que tomaba otro, y listo. Como consecuencia de ésto, me convertí en una montaña rusa de altibajos emocionales, mentales y físicos. Intuía que el café no era del todo bueno, pero… estaba tan bueno y sentaba tan bien… ¡qué tontería! Con el pasar de los años me fijaba a mi alrededor, y veía que no era el único al que le pasaba. Todo el mundo parecía vivir en una montaña rusa. No tardé en asociar esa inestabilidad al consumo de café. Sin embargo, era sólo una teoría personal… ¡qué locura!
Finalmente, debido a la inestabilidad que sufría, decidí dejarlo. Si no lo intenté 50 veces en vano no lo intenté ninguna. El primer día sin café era mortal. Siempre volvía a tomarlo. Estaba tan bueno… ¡y sentaba tan bien! Finalmente, tras mucho intentarlo, y tras muchas semanas sin tomar, y volviendo a cer… conseguí dejarlo. Los primeros días eran mortales de necesidad. Pero curiosamente, a las 2 semanas de haberlo dejado, aunque sentía unas ganas inmensas de beber una tacita de café, me sentía mucho mejor. Me sentía bien. Ya no era una montaña rusa. Estaba estable durante todo el día. Y eso me afectó tanto a nivel mental como emocional, y también físico. Mi mente podía pensar con claridad. Dejé de sentirme “triste” (léase depresión) en determinados momentos del día, dormía mejor, me relacionaba mejor con la gente… Mi vida cambió.
Cuando ya lo había dejado, decidí informarme sobre lo que la ciencia decía al respecto. La mayoría de los expertos coincidían en que tomar café, moderadamente, no era malo; incluso podría ser beneficioso para innumerables cosas. Sin embargo, todo lo que encontraba eran opiniones; nada científico. Y como, después de todo, las modas cambian… no sabía de qué fiarme. Un día un vaso de vino a la hora de comer es malo, al día siguiente es bueno. Y así con todo. Así que decidí profundizar, y ver qué diablos hacía el café cuando entraba al cuerpo… y encontré la clave de mis problemas en el pasado.
Eran muchos los expertos en salud mental que desaconsejaban el consumo de café y lo asociaban a un sinnúmero de patologías mentales, muchas de ellas tan comunes en nuestros días que pasan por ser normales: depresión, angustia, apatía, fatiga, ansiedad, nerviosismo, estrés… ¿Qué era realmente la cafeína?
Una sustancia que pasa a la sangre a los 30 minutos de ser ingerida, a través de las mucosas estomacales e intestinales. ¿Por qué da el “subidón”? Porque eleva el número de sustancias que utilizan nuestras neuronas para comunicarse entre sí, es decir, eleva el número de neurotransmisores. Por eso nos sentimos tan cargados de energía, tan mentalmente activos, etc. Entonces, ¿cuál es el problema? Que se “gastan” los neurotransmisores almacenados. Por ejemplo, los neurotransmisores que serían “consumidos” en una semana, se pueden “gastar” en un día bebiendo café. Imaginémonos entonces como nos sentiremos el resto de la semana… Esto explica los “bajones” después de beber café. ¿Cómo solucionamos estos bajones? Muy sencillo: ¡tomando más café! Así que el desgaste de nuestro organismo es obvio… Tras varias jornadas de consumo de café, alcanzamos tal nivel de inestabilidad a todos los niveles que difícilmente puede recuperarse con 8 horas de sueño. Es así como la cafeína puede desencadenar o empeorar estados de ansiedad, depresión, y un largo etcétera.
Hay gente más sensible que otra a esta y otras sustancias. No todos somos iguales. Pero todos sentimos, en mayor o menos medida, los efectos desagradables de la cafeína, aunque muchas veces no seamos capaces de asociarlos a ella. Hay quien sufre levemente un bajón por la noche, se va a dormir y mañana Dios dirá. Hay quien sufre tremendos altibajos a lo largo del día, afectándoles sin darse cuenta a las relaciones sociales, familiares y demás (éste era mi caso), así como a la forma de percibir el mundo (depresión, ansiedad). La mayoría de la gente se encuentra en un nivel intermedio. Sin embargo, cabe destacar que podemos estar siendo víctimas de los efectos de la cafeína sin saberlo. Esto sucede con todas las sustancias que afectan, directa o indirectamente, a la química cerebral. Pongamos como ejemplo a una persona que se ha pasado de copas… está claramente afectada; sin embargo a menudo sucede que no se da cuenta. Es por ello que hay tantos accidentes de tráfico a causa del alcohol, por mencionar sólo un ejemplo de otros muchos. Piénselo.
Me he centrado en el aspecto mental del asunto (neurológico, psicológico). Los perjuicios que produce la cafeína en el plano físico son más conocidos: irritación del estómago (por eso provoca a veces acidez o ardor, pudiendo empeorar las úlceras estomacales), así como irritación de la vejiga (por eso se orina tanto cuando se bebe café) y del intestino (por eso actúa muchas veces como laxante). Es obvio que al elevar la presión arterial, tomar café no puede ser muy bueno para el corazón y el sistema circulatorio.
Llegados a este punto, no me queda mucho más que decir. Sólo me gustaría que se quedase con una idea: puede estar siendo víctima de la cafeína y no darse cuenta; puede econtrarse a veces irritable, deprimido, ansioso… sin saber por qué. Ahora que sabe cómo funciona esta droga, quizá pueda establecer relaciones causa-efecto hasta ahora impensables.
Sí, tomar café (u otras bebidas con alto contenido en cafeína) tiene su lado positivo. Da energía (aparentemente), hace sentirse bien… pero, ¿a costa de qué? Sólo Ud. puede valorarlo. También tomar otro tipo de drogas consideradas ilegales hace sentirse bien a la gente (en el momento de su consumo), pero todos conocemos el desgaste físico y psíquico que viene después. La cafeína, al estar respaldada por la tradición, hace que no nos planteemos siquiera este tipo de cosas. Intenté creer aquello de que, consumida en dosis moderadas, no hacía mal. Sin embargo, a mi me lo hizo. Valore Ud. su caso; nadie más puede hacerlo.
Un consejo final: si decide dejar la cafeína, recuerde que, como toda droga, provoca adicción; así que en las primeras semanas sufrirá dicha adicción. Puede tener dolores de cabeza, apatía, fatiga, e incluso, paradójicamente, nerviosismo. Todo eso es normal. Existen estrategias para deshacerse del hábito de tomar café. Puede hacerlo abruptamente (yo lo hice así, ya que no superaba las 3 tazas de café al día) o, si consume grandes cantidades de café, puede hacerlo progresivamente. Las primeras semanas serán malas; pero estoy convencido de que, al mes, se sentirá mucho mejor. No sabrá si lo ha logrado hasta 3 o 4 meses después de la última ingesta de café. Sin embargo, cuando miré atrás y compruebe los cambios positivos en su vida, el esfuerzo habrá merecido la pena. Verdad verdadera.
Fuente del artículo http://www.articulo.org/autores_perfil.php?autor=934

César Jiménez

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1 comentario

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Consigue tu propio gravatar visitando gravatar.com #1, María
13 de Marzo de 2008, a las 18:26.

Hola Cesar,

Muchas gracias por tu artículo, la verdad es que me siento bastante identificada contigo. Sufro desde hace tiempo totos los síntomas de los que hablas por culpa de la cafeína. Ojalá tuviera la fuerza de voluntad que has tenido tú, por que yo mira que lo he intentado. Muchas gracias, creo que contar tu experiencia puede servirnos a muchos.